domingo, 1 de abril de 2012

¿Cómo combatir la migraña?

¿Cómo combatir la migraña?

Joyce, una dinámica oficinista, mira detenidamente un documento. De repente, partes de la página parecen quedar en blanco. Luego bailan ante sus ojos puntos de luz centelleante, que acaban por convertirse en un despliegue surrealista de líneas en zigzag y extraños dibujos geométricos. Pocos minutos después, Joyce apenas puede ver. Al darse cuenta de lo que ocurre, toma enseguida una pequeña cápsula para este tipo de emergencias.
JOYCE padece migraña, un trastorno que difiere en varios aspectos del dolor de cabeza ocasional. Por ejemplo, al contrario que este, la migraña sigue un patrón recurrente. Además, el dolor es tan intenso que obliga al paciente a suspender sus actividades normales.
¿Cuáles son sus síntomas? El dolor es pulsátil y suele afectar solo a un lado de la cabeza. También es probable que el paciente tenga náuseas y no soporte la luz intensa. El ataque puede durar desde varias horas hasta varios días.
Aunque casi todos sufrimos dolores de cabeza tensionales alguna que otra vez, solo 1 de cada 10 personas —con más frecuencia mujeres— padece migraña. Algunos casos son más graves que otros, pero la mayoría de los afectados faltan varios días al trabajo cada año. Se trata de un padecimiento que provoca pérdida de ingresos y puede influir muy negativamente en la vida familiar y social. Por ello, la Organización Mundial de la Salud lo sitúa entre las veinte causas principales de incapacidad.
Poco antes de un ataque de migraña, algunas personas experimentan síntomas como manos frías, fatiga, hambre o cambios de humor. Entonces, justo antes de que comience el dolor, puede haber mareos, zumbido en los oídos, sensación de hormigueo, visión doble, dificultad para hablar o debilidad muscular.
Las causas de la migraña no se conocen del todo, pero se cree que es un trastorno del sistema nervioso que afecta a los vasos sanguíneos de la cabeza. La naturaleza pulsátil del dolor parece corresponder al paso de la sangre por los vasos sanguíneos irritados. La revista Emergency Medicine menciona: “Los pacientes de migraña heredan un sistema nervioso extremadamente sensible, que puede verse alterado por muy diversas causas, como falta de sueño, olores fuertes, viajes, saltarse comidas, estrés y cambios en los niveles hormonales”. Quienes sufren migrañas también suelen ser propensos a padecer síndrome de colon irritable, ataques de ansiedad y depresión.
¿Cómo puede aliviarla?
Uno no puede cambiar el sistema nervioso que ha heredado, pero sí evitar que se desencadenen los ataques de migraña. Algunas personas llevan un diario, y eso les permite determinar qué alimentos o circunstancias les provocan ataques.
Cada caso es diferente. Lorraine notó que los ataques de migraña guardaban relación con su ciclo menstrual. Ella explica: “Aproximadamente a mitad del ciclo, las actividades o estímulos excesivos —trabajo, calor o frío, ruidos fuertes e incluso comida muy condimentada— pueden provocarme un ataque de migraña. Así que en esos días procuro estar tranquila y moderar mis actividades”. Joyce, que ha padecido ataques de migraña durante más de sesenta años, asegura: “He descubierto que la naranja, la piña y el vino tinto me provocan un ataque inmediato, de modo que los evito”.
Detectar los factores desencadenantes no es fácil, pues por lo general un ataque se debe a la combinación de varios factores. Por ejemplo, es posible que en un momento dado usted coma chocolate y no le pase nada, pero que en otro, en combinación con algún factor más, comerlo le produzca un ataque.
Aunque uno no sea capaz de identificar o evitar las cosas que le provocan migraña, hay otras maneras de reducir la posibilidad de que sobrevenga un episodio. Los expertos recomiendan mantener un patrón de sueño regular los siete días de la semana. Si se quiere dormir más los fines de semana, es preferible levantarse a la hora de siempre, hacer algo durante unos minutos y entonces volver a la cama. Un cambio en el consumo de cafeína puede desencadenar un ataque, así que trate de no tomar más de dos tazas de café o dos latas de cola al día. Como el hambre también puede provocarlo, procure no saltarse ninguna comida. El estrés, un factor habitual en la migraña, no es fácil de evitar, pero uno puede buscar maneras de relajarse, tal vez teniendo un horario menos apretado, leyendo la Biblia o escuchando música suave.
¿Qué tratamientos hay?
Existe una amplia variedad de opciones para tratar la migraña. Dormir, por ejemplo, es uno de los mejores remedios. Y los analgésicos sin receta pueden aliviar al paciente lo suficiente para que duerma.
En 1993 empezaron a comercializarse los triptanos, un nuevo tipo de fármacos con receta para el tratamiento específico de la migraña. La revista The Medical Journal of Australia los considera “un importante avance en su tratamiento”, y añade: “La aparición de los triptanos [...] fue para la migraña y el dolor de cabeza en racimo casi lo mismo que la penicilina para las infecciones bacterianas”.
La migraña no es una enfermedad mortal, así que los triptanos, a diferencia de los medicamentos empleados para tratar las infecciones, no salvan vidas. Sin embargo, han proporcionado un alivio enorme a quienes durante años se habían visto incapacitados por migrañas frecuentes. Aunque los pacientes todavía tienen que modificar sus actividades como ya se mencionó, algunos piensan que los triptanos son verdaderamente milagrosos.
Ahora bien, todas las medicinas tienen ventajas e inconvenientes. ¿Qué problemas hay con los triptanos? En primer lugar, una sola pastilla puede costar lo mismo que una comida en un buen restaurante, así que suelen recetarse únicamente a quienes padecen migraña de moderada a grave. Además, los triptanos no le sirven a todo el mundo, y algunas personas tienen problemas de salud que desaconsejan probarlos siquiera. Aun así, si bien no se ha encontrado una cura para este trastorno hereditario, la revista Emergency Medicine llega a la siguiente conclusión: “Gracias a los nuevos y mejores medicamentos para la migraña, no hay razón para que los pacientes sigan sufriendo”.

viernes, 23 de marzo de 2012

Qué es el asma



Qué es el asma
EL ASMA es un mal que se encuentra extendido por todo el mundo. Se calcula que aquí, en Nueva Zelanda, lo padecen una de cada diez personas, prescindiendo de que sean jóvenes o viejos, que vivan en la ciudad o en el campo y que efectúen trabajo físico o de oficina.
Sin embargo, no se sabe mucho sobre el asma, sobre todo los que no la padecen. Muchas veces ni siquiera los propios asmáticos saben lo que les sucede, y esto puede crear una ansiedad que lo único que hace es agravar su estado. Quizás los siguientes comentarios, basados en experiencias e investigaciones procedentes de Nueva Zelanda, ayudarán a reducir un poco esa falta de conocimiento.

¿Qué es el asma?
Durante un ataque típico de asma, la persona siente una sensación de opresión en el pecho. Entre sibilancias (silbidos pulmonares de tonalidad aguda) y arranques de tos, lucha por respirar. Es una experiencia espantosa. Un ataque de asma puede ser grave o bastante liviano. La frecuencia de los ataques varía y también los síntomas, que en algunos casos están siempre presentes, aunque con diferentes grados de intensidad.
¿Qué es lo que provoca estas sensaciones tan desagradables? Como quizás ya sepa, el aire entra en los pulmones a través de los bronquios y bronquiolos. En el caso de muchos asmáticos, ciertas reacciones alérgicas sensibilizan extremadamente estos conductos. Puede que los músculos de las paredes bronquiales y bronquiolares se contraigan, la mucosa que reviste los conductos se hinche y las glándulas que se encuentran en sus paredes produzcan un exceso de moco. El resultado es un estrechamiento de estos conductos, lo que hace que, lógicamente el asmático tenga dificultades para respirar.

Causas del asma
¿Qué provoca un ataque de asma? Puede ser una infección, un estado de tensión emocional o una grave reacción alérgica. Sin embargo, una vez que se manifiesta un ataque de asma, puede haber varios antígenos o sustancias específicas que produzcan una sensibilidad extrema en los bronquios. Y una vez que los bronquios se sensibilizan a estas, es posible que otros factores —como los cambios de temperatura, o de humedad, la tensión emocional o el ejercicio— también provoquen ataques de asma.
Aunque los médicos pueden identificar algunos de los antígenos que producen un ataque de asma, no suele ser posible encontrarlos todos, y aun cuando se localizan, no siempre es posible evitarlos. La minuciosa investigación para detectar las causas del asma y la mejor manera de tratarla quizás tome tiempo e implique mucha paciencia por parte del paciente y del médico, pero el tiempo que se le dedique probablemente permitirá que después se controle mejor la sintomatología.

Cómo evitar ataques
Hay muchas cosas que irritan los pulmones y que pueden provocar un ataque de asma al enfermo. Trate de evitar el contacto con las siguientes sustancias.
Humo del tabaco: No fume y evite las habitaciones cargadas de humo. Los médicos en seguida dejan de compadecerse de los asmáticos que insisten en fumar. Los amigos de los asmáticos tampoco deberían fumar en su presencia, pues, aunque el enfermo no sufra un ataque de asma inmediatamente, horas después puede encontrarse en terribles apuros debido a los efectos del humo.
Polvo: Trate de evitar zonas cerradas y con polvo, así como actividades que levanten polvareda. Si su trabajo le pone en contacto con mucho polvo, piense seriamente en cambiar de empleo. Algunos asmáticos observan que solo tienen los síntomas por la noche o en el dormitorio. ¿Podría deberse al polvo doméstico o a esos minúsculos ácaros que se encuentran en él? En muchos casos esa es la causa, por consiguiente, el dormitorio de un asmático debería tener el menos polvo posible. A continuación se mencionan algunas sugerencias respecto al cuidado de la casa que están especialmente destinadas a ayudar a los asmáticos.

Limpie el dormitorio todos los días.

Cada semana limpie a fondo y pase la aspiradora por el colchón, el somier, las mantas y el suelo. Los suelos de madera dura son mejores que las alfombras o moquetas y las persianas venecianas que las cortinas.
Con un paño humedecido en agua o aceite, limpie el polvo de los muebles, la parte superior de las puertas, los marcos y los alféizares de las ventanas.
El dormitorio debe ventilarse bien y a continuación cerrar las puertas y ventanas por lo menos tres o cuatro horas antes de que la persona se acueste.
El colchón, las mantas y las almohadas no deben estar hechos de materiales alergenos y deben airearse con regularidad, a ser posible al sol.
Una cosa más. No permita animales en el dormitorio. Y si hay el más mínimo indicio de que usted es alérgico a su animal de compañía, búsquele otro hogar, o, por lo menos, manténgalo siempre fuera de la casa.
Temperatura y humedad: Cambios repentinos de temperatura y demasiado calor o demasiado frío pueden provocar un ataque de asma. Lo ideal es que el ambiente esté un poco húmedo y a una temperatura ligeramente caliente. Por lo tanto, si usted padece de asma, salga a la calle lo menos posible cuando haga mucho frío o el día esté brumoso. Evite la calefacción central muy fuerte y que reseque el ambiente. Si los cambios de temperatura le provocan ataques durante la noche, procure tener durante los meses de invierno un termostato que regule la calefacción del dormitorio. Si la humedad le hace sentir los síntomas del asma, trate de utilizar un aparato que controle el nivel de humedad.
Tensión emocional y fatiga: Cualquiera de estos dos factores pueden provocar un ataque de asma. Es cierto que no siempre podemos controlar la tensión emocional, pero muchos asmáticos han comprobado que los principios bíblicos les ayudan en este campo. La Biblia nos dice: “Un corazón tranquilo es vida del cuerpo”. (Proverbios 14:30, Serafín de Ausejo.) También es sensato que los asmáticos traten de tener en cuenta sus limitaciones físicas y eviten la fatiga, pues este es otro de los factores que pueden desencadenar un ataque.
Alimento: Las alergias a ciertos alimentos pueden provocar ataques de asma, sobre todo en los niños o adultos que empezaron a tenerlos durante su infancia. Incluso se puede sospechar de alimentos tan comunes como la leche, los huevos y los cereales. Sin embargo, para determinar cuál de todos los alimentos es el culpable, posiblemente se requiera una gran labor detectivesca, en especial si se trata de una sustancia que se utiliza en una amplia variedad de comidas, como por ejemplo el azúcar. Por supuesto, cabe la posibilidad de que el asmático sea alérgico a más de un alimento. Sería prudente que los pacientes adultos considerasen las bebidas alcohólicas, especialmente la cerveza y el vino, como posibles agravantes de su estado.
Ejercicio: A veces un esfuerzo excesivo es el causante de un ataque de asma, que suele producirse una vez terminado el ejercicio. Si eso es lo que a usted le sucede, evite los ejercicios que requieren derroches repentinos de energía —como el squash— y pruebe un tipo de ejercicio más gradual, como la natación o el ciclismo. El utilizar un broncodilatador (medicamento que alivia la congestión bronquial) antes de cualquier actividad vigorosa, puede servirle de ayuda. Un fisioterapeuta quizás le ayude también con un programa que incremente su tolerancia al ejercicio. Esto le permitirá participar en más actividades sin fatigarse.
Infección: Infecciones respiratorias de poca importancia, como un resfriado o una gripe, a menudo provocan ataques de asma o empeoran la sintomatología, y cuando hay presente una infección, no siempre es efectiva la medicación que se toma normalmente para aliviar el asma.
Cómo vivir con el polen: Aunque los meses invernales causan muchos problemas a los que tienen enfermedades respiratorias, hay muchos asmáticos que padecen asma del heno. Partículas microscópicas de polen que flotan en el aire durante el verano les causan mucho sufrimiento y grandes molestias. Aunque es imposible erradicar las fuentes de este polen, el sentido común dicta algunas medidas que pueden ayudar. Por ejemplo, trate de evitar el césped recién cortado, así como el campo y los espacios naturales durante la temporada del polen, y, si es posible, utilice un buen sistema de aire acondicionado.
Cómo vivir con los mohos: Miles de mohos u hongos habitan en el medio ambiente que nos rodea. Las esporas (corpúsculos reproductores) de los mohos y demás hongos medran sobre la materia vegetal o animal. También abundan sobre el trigo, la avena, el maíz, la hierba y las hojas. Aunque solo se ha comprobado que una pequeña cantidad de mohos causan problemas a los asmáticos, un estudio llevado a cabo en Nueva Zelanda indicó que las esporas pueden constituir un importante factor alergeno. Por consiguiente, aunque es imposible erradicar las esporas transportadas por el aire, las siguientes medidas pueden ser de utilidad:

Evite los sótanos y edificios húmedos y mohosos.
No rastrille ni queme hojas ni hierba seca.
Desinfecte o destruya cualquier artículo mohoso.
No tenga plantas dentro de casa ni amontone en el jardín hojas u otros desechos orgánicos para que se conviertan en abono.
Desinfecte las zonas de la casa que tengan moho.

¿Tiene un hijo asmático?
Si su hijo es asmático, necesitará su apoyo. Tanto ustedes los padres como los maestros tendrán que entender su problema y ayudarle a sobrellevarlo. No hay que empujar al niño para que haga más de lo que puede, pero tampoco debería permitírsele que se escude en su asma y evite hacer cosas que le beneficiarían.
Es preferible que sus actividades físicas no envuelvan un espíritu de competencia, aunque muchos niños asmáticos pueden jugar a casi todos los juegos cuando no tienen los síntomas. No obstante, el niño que padezca asma crónica probablemente solo sea capaz de participar en una actividad limitada y los adultos deben ejercer cuidado para no empujarle a esforzarse demasiado. El uso inteligente de la medicación quizás le ayude a disfrutar de actividades regulares, como la educación física, y el instructor debería saber cuándo y cómo utilizar un aerosol broncodilatador.
Algunos niños asmáticos están tan graves que constantemente tienen dificultades para respirar y muchas veces se les oyen sibilancias. Esos niños suelen manifestar ansiedad y tensión, y sus padres y maestros se preocupan mucho por ellos. Tienen que faltar bastante a la escuela y es posible que no puedan participar en los juegos.
Los padres de tales niños corren el riesgo de irse al extremo de protegerlos demasiado. Por otra parte, si el niño procede de una casa donde siempre hay tensión y se discute, tal vez le falte el apoyo, el amor, la comprensión y el ánimo que tan desesperadamente necesita. Sin embargo, si los padres abordan el problema de su hijo de una manera sana y optimista, le ayudarán a reducir su ansiedad y la gravedad del asma.

Qué hacer cuando alguien sufre un ataque de asma
Llévelo a un lugar tranquilo y cálmelo. Puede quedarse de pie o sentarse inclinado hacia adelante —esta última suele ser la posición más cómoda durante un ataque de asma—, y debería usar de inmediato su broncodilatador. (Los broncodilatadores quizás actúen más deprisa, y por lo tanto sean más efectivos, si están en forma de inhalador que si se toman por vía oral.) En caso de un ataque grave —sobre todo si el asmático no puede hablar adecuadamente— se le debe llevar a un médico lo antes posible. Una advertencia: como los jadeos y resuellos hacen que la persona pierda mucha humedad durante un ataque, procure darle de beber bastantes líquidos.

Tratamiento
La fisioterapia ocupa un lugar importante a la hora de ayudar al asmático, en especial en lo relacionado con enseñarle a respirar debidamente (utilizando el diafragma) y a mitigar la falta de aliento. El terapeuta también le enseña a relajarse, a adoptar una buena postura y a hacer algunos ejercicios que ayudan a mantener el asma bajo control. Los tratamientos varían y, por lo general, un médico es la persona más cualificada para sugerir el mejor tratamiento en cada caso particular.
Se pueden utilizar fármacos —como la cromolina sódica y los esteroides—, así como varios tipos de broncodilatadores. Por supuesto, cabe la posibilidad de que los medicamentos produzcan efectos secundarios, en cuyo caso el médico podría recomendar otros tratamientos.
El asma es una afección compleja, y así tienen que entenderlo los parientes y amigos si quieren ayudar. Evite decir cosas como: “Deja de pensar en ello” o “Te veo con un aspecto bastante bueno”. Los asmáticos que aprenden a entender su enfermedad pueden derivar consuelo de saber que incluso antes de que la humanidad sea curada de todas sus dolencias en el nuevo mundo de Dios, pueden estar mejor preparados para afrontar los ataques de asma, evitar las cosas que los provocan y reducir en gran manera su tensión, ansiedad y molestias. (Isaías 33:22, 24.)—Contribuido por un asmático.

¿Qué fue de los dinosaurios?



¿Qué fue de los dinosaurios?

“LA PALEONTOLOGÍA es la ciencia que trata el estudio de los fósiles, y los fósiles son restos de origen orgánico.” Sin embargo, como dijo un paleontólogo, es “una ciencia muy especulativa y subjetiva”. Esta afirmación es cierta en el caso de los dinosaurios. G. L. Jepson, un científico de Princeton (E.U.A.), dijo lo siguiente respecto a una serie de especulaciones que se han hecho tocante a lo que les sucedió a los dinosaurios:
“Varios autores han sugerido la posibilidad de que los dinosaurios desaparecieran porque el clima empeoró [...] o porque empeoró la dieta. [...] Otros escritores han responsabilizado de ello a enfermedades, parásitos, [...] cambios en la presión o composición de la atmósfera, gases venenosos, ceniza volcánica, oxígeno excesivo procedente de las plantas, meteoritos, cometas, reducción del depósito común de genes provocada por mamíferos devoradores de huevos, [...] radiación cósmica, desviación de los polos con respecto al eje de rotación de la Tierra, inundaciones, deriva continental, [...] desecación de ciénagas y lagos, manchas solares.” (The Riddle of the Dinosaur [El enigma del dinosaurio].)
De tales especulaciones se desprende que los científicos no pueden responder a ciencia cierta la pregunta: ¿Qué fue de los dinosaurios?

La teoría de la extinción súbita
Una teoría más reciente es la que planteó un equipo formado por padre e hijo: Luis y Walter Álvarez. Walter Álvarez descubrió en una formación rocosa fuera de Gubbio, ciudad del centro de Italia, una curiosa y delgada capa de arcilla rojiza intercalada entre dos capas de piedra caliza. Debido a que la capa inferior de piedra caliza contenía abundantes fósiles y la superior casi ninguno, los geólogos concluyeron que la vida desapareció de súbito y que la delgada capa rojiza de arcilla tenía cierta conexión con la extinción.
Los análisis revelaron que la arcilla contenía mucho iridio (un metal), una concentración treinta veces mayor a la que se encuentra en las rocas normalmente. Ellos sabían que concentraciones tan elevadas de este elemento poco común solo podían provenir del centro de la Tierra o de alguna fuente exterior a la Tierra. Llegaron a la conclusión de que el iridio fue depositado por un enorme asteroide que chocó con la Tierra, y provocó la súbita extinción de los dinosaurios.
Después del descubrimiento de la arcilla enriquecida con iridio en las inmediaciones de Gubbio, se encontraron depósitos similares en otras partes del mundo. ¿Corroboraban estos hallazgos la hipótesis del asteroide? Algunos científicos están escépticos al respecto, pero, como reconoce el libro The Riddle of the Dinosaur, la hipótesis de Álvarez dio empuje “al estudio de la extinción y la evolución”. El paleontólogo Stephen Jay Gould admite que eso podría hacer disminuir “la importancia de la rivalidad entre las especies”.
Al comentar respecto a esta nueva teoría y la extinción aparentemente súbita de los dinosaurios, un escritor sobre temas científicos admite: “Podrían sacudir los fundamentos de la biología evolutiva y poner en duda el actual concepto de la selección natural”.
David Jablonski, científico de la universidad de Arizona (E.U.A.), deduce que ‘para muchas plantas y animales la extinción fue repentina y en cierto modo especial. Las extinciones en masa no son tan solo los efectos acumulados de muertes graduales. Algo raro sucedió’. Ese es también el caso de los dinosaurios. Su aparición y desaparición relativamente súbitas contradice el punto de vista por lo general aceptado de que hubo un proceso lento de evolución.

La datación de los dinosaurios
Los huesos de dinosaurios casi siempre se encuentran en capas de tierra inferiores a las que contienen huesos humanos, lo que hace que muchos lleguen a la conclusión de que pertenecen a un período de tiempo anterior. Los geólogos dan a esta época el nombre de era mesozoica y la subdividen en tres períodos: cretáceo, jurásico y triásico. Se afirma que la duración de estos períodos es del orden de decenas de millones de años. No obstante, ¿hay algún fundamento sólido en el que apoyar esta afirmación?
Un método que se utiliza para datar la antigüedad de los fósiles es el denominado método de datación del radiocarbono. Este sistema de datación mide la proporción de desintegración del carbono radiactivo (carbono 14) desde el momento de la muerte del organismo. “Una vez que un organismo muere, ya no absorbe más anhídrido carbónico del ambiente que le rodea, y con el tiempo la proporción del isótopo [carbono 14] va disminuyendo a medida que sufre desintegración radiactiva”, dice Science and Technology Illustrated.
Sin embargo, este método presenta serios problemas. En primer lugar, cuando se considera que un fósil tiene 50.000 años de antigüedad, su nivel de radiactividad ha bajado tanto que resulta muy difícil detectarlo. En segundo lugar, incluso en especímenes más recientes, este nivel ha bajado tanto que sigue siendo dificilísimo medirlo con exactitud. En tercer lugar, los científicos pueden medir el nivel actual de formación de carbono radiactivo, pero no tienen manera de medir las concentraciones del carbono 14 que había en el pasado remoto.
De modo que tanto si se utiliza el método de radiocarbono para datar los fósiles, como si se utilizan otros métodos —como el del potasio radiactivo, el uranio o el torio— para datar las rocas, los científicos no pueden establecer después de tantísimos siglos cuáles eran los niveles originales de tales elementos. Melvin A. Cook, profesor de Metalurgia, hace el siguiente comentario al respecto: “Estas concentraciones [de materias radiactivas] solo pueden suponerse, de modo que las edades obtenidas así no pueden ser mejores que esta suposición”. Esto es especialmente cierto si tenemos en cuenta que el diluvio del día de Noé ocurrido hace más de cuatro mil trescientos años produjo enormes cambios en la atmósfera y en la superficie terrestre.
Charles Officer y Charles Drake, geólogos de la universidad de Dartmouth (Canadá), hacen surgir aún más dudas respecto a la exactitud del método de datación radiactivo. Ellos dicen: “Deducimos que el iridio y otros elementos encontrados con él no fueron depositados de manera instantánea [...], sino que más bien hubo un influjo intenso y variable de estos componentes durante un intervalo de tiempo geológico relativamente breve del orden de 10.000 a 100.000 años”. Ellos razonan que la ruptura y desplazamiento de los continentes trastornó el entero globo terráqueo, causando erupciones volcánicas, bloqueando la luz del Sol y ensuciando la atmósfera. Lo cierto es que tales sucesos desbaratadores pudieron cambiar los niveles de radiactividad, lo que tergiversaría los resultados obtenidos mediante los relojes radiactivos de nuestros días.

El relato de Génesis y los dinosaurios
Aunque el método de datación radiactivo es innovador, todavía se basa en la especulación y la suposición. En contraste, el relato de la Biblia registrado en el primer capítulo del libro de Génesis sencillamente menciona el orden general en que tuvo lugar la creación, lo que permite la posibilidad de que transcurriesen miles de millones de años para la formación de la Tierra y muchos milenios (distribuidos en seis períodos creativos o “días”) para su preparación con vistas a ser habitada por el hombre.
Es posible que algunos dinosaurios (y pterosaurios) hayan sido creados en el quinto período mencionado en Génesis, cuando la Biblia dice que Dios hizo “criaturas voladoras” y “grandes monstruos marinos”, y otros, en el sexto período. Si se tiene en cuenta la abundancia de vegetación que sin duda existía en el tiempo de los dinosaurios, habría sido muy apropiada la presencia de un número tan elevado de animales con un apetito voraz. (Génesis 1:20-24.)
Una vez que los dinosaurios habían cumplido su propósito, Dios puso fin a su existencia. No obstante, la Biblia guarda silencio en cuanto a cómo y cuándo lo hizo. De lo que sí podemos estar seguros es de que los dinosaurios fueron creados por Jehová con un propósito definido, aunque de momento no comprendamos cuál fue ese propósito. No vinieron por error, ni fueron producto de la evolución. Su súbita aparición en el registro fósil sin ninguna conexión con algún antecesor fósil y su desaparición sin dejar fósiles de transición, son pruebas en contra de la opinión de que tales animales evolucionaron de forma gradual a lo largo de millones de años. Por consiguiente, el registro fósil no apoya la teoría de la evolución. Al contrario, armoniza con el punto de vista bíblico de que la vida animal fue creada por Dios.

martes, 31 de mayo de 2011

Muerte Súbita: ¿Cómo deben dormir los bebés?


¿Cómo deben dormir los bebés?

MUCHOS niños por todo el mundo han perdido la vida a causa del síndrome de la muerte súbita del lactante (SMSL). En Estados Unidos constituye la primera causa de muerte de bebés entre 1 y 12 meses de edad. ¿Hay alguna manera de reducir el riesgo? Según The Journal of the American Medical Association (JAMA), la investigación de los últimos años indica que la incidencia de este síndrome parece reducirse de modo significativo cuando los bebés duermen boca arriba y no boca abajo. Varios países han puesto en marcha programas para alertar a los padres sobre la relación que existe entre la postura del lactante al dormir y el SMSL. En Australia, Inglaterra, Dinamarca, Nueva Zelanda y Noruega, el SMSL disminuyó al menos en un 50% al cabo de uno o dos años de campañas públicas para fomentar la costumbre de acostar al niño boca arriba.
Aunque se desconoce la conexión exacta entre el hecho de dormir boca abajo y la aparición del SMSL, algunos investigadores creen que dicha posición hace que el infante inhale de nuevo el aire que ha exhalado, lo que aumenta el nivel de dióxido de carbono en su sangre. También puede ser que su cuerpo se caliente demasiado porque no dispersa tan bien el calor cuando yace boca abajo. Sea como fuere, los niños a quienes se acuesta boca arriba o boca abajo tienden a permanecer en la misma posición. Los estudios también indican que es mejor colocar a un infante sano y normal boca arriba que ponerlo de lado.

¿Qué lleva a las madres a acostar a sus bebés en una posición en particular? La JAMA comenta que a menudo estas siguen la costumbre: copian el método de sus propias madres o de la comunidad, o quizás adopten la práctica que hayan observado en el hospital. Algunas madres también creen que su bebé prefiere dormir o duerme mejor en cierta posición. Muchas ponen consecuentemente a la criatura boca arriba el primer mes, pero después la colocan boca abajo. “Esta práctica es preocupante —señala JAMA— debido a que el riesgo del SMSL es mayor entre los infantes de dos a tres meses de edad.” Hoy los médicos se esfuerzan por informar a los padres de que una medida sencilla y eficaz de reducir el riesgo del SMSL consiste en acostar a los bebés sanos boca arriba.


Si un bebé padece una afección respiratoria, o si expectora de modo anormal, conviene preguntar al médico cuál sería la mejor posición para dormir.

Anorexia y bulimia: los hechos y los peligros



“El alimento tiene una carga emocional mucho más pesada que todo aquello que puede medirse en calorías o gramos.”—Janet Greeson, escritora.

LA ANOREXIA y la bulimia son los dos trastornos alimentarios más comunes. Aunque cada uno tiene sus propias características, veremos que ambos pueden ser peligrosos, hasta mortales.
Anorexia: inanición autoprovocada

La persona anoréxica rehúsa comer o lo hace en cantidades tan pequeñas que acaba desnutrida. Antoinette dice que llegó a pesar 37 kilos (82 libras), muy poco para una joven de 17 años y 1,70 metros (5 pies y 7 pulgadas) de altura. “No consumía más de 250 calorías diarias y anotaba todo lo que comía”, dice ella.

Las anoréxicas están obsesionadas con la comida, y son capaces de cualquier cosa para no ganar peso. “Empecé a escupir la comida en una servilleta, haciendo ver que me estaba limpiando la boca”, explica Heather. Susan hacía mucho ejercicio para no aumentar de peso. “Casi todos los días —dice— corría 12 kilómetros [8 millas] o hacía una hora de natación, de lo contrario, me embargaban una angustia y un sentimiento de culpabilidad terribles. Y cada mañana sentía un inmenso placer, el único placer verdadero que tenía por lo general, cuando me subía a la báscula para confirmar que mi peso estaba muy por debajo de los 45 kilos [100 libras].”

Por irónico que parezca, algunas anoréxicas son magníficas cocineras y sirven comidas exquisitas que ellas se niegan siquiera a probar. “Cuando peor estaba —dice Antoinette—, era yo la que preparaba absolutamente todas las cenas en casa y también la bolsa del almuerzo para mi hermano y mi hermana menores. No dejaba ni que se acercaran a la nevera. Era como si la cocina fuese toda mía.”

Según el libro A Parent’s Guide to Anorexia and Bulimia (Guía para los padres sobre la anorexia y la bulimia), algunas anoréxicas “se vuelven exageradamente pulcras y llegan a exigir que toda la familia acate sus normas irrealistas y maniáticas. No pueden ver una revista, unas zapatillas o una taza de café fuera de lugar ni un momento. A veces se vuelven igual de maniáticas, o hasta más, con la higiene y la apariencia personal, llegando a pasar horas en el baño con la puerta cerrada y sin dejar que el resto de la familia entre a arreglarse para marcharse a la escuela o al trabajo”.

¿Cómo se desencadena este raro trastorno llamado anorexia? Por lo general, una adolescente o adulta joven (suele afectar más al sexo femenino) se propone perder unos kilos. Sin embargo, cuando lo consigue, no queda satisfecha. Al mirarse al espejo sigue viéndose gorda, así que decide seguir su dieta y rebajar un poco más para verse aún mejor. El ciclo continúa hasta que su peso está un 15% o más por debajo de lo normal para su estatura.

Es entonces cuando la familia y las amistades empiezan a manifestar su preocupación por la extremada delgadez, por no decir escualidez, de la joven. Pero la persona anoréxica no ve las cosas de la misma manera. “Yo no me consideraba flaco. Cuanto más peso pierdes, más se distorsiona tu mente y ya no eres capaz de verte con claridad,” dice Alan, un joven anoréxico de 1,75 metros (5 pies y 9 pulgadas) de altura, que llegó al punto de pesar solo 33 kilos (72 libras).

Con el tiempo, la anorexia puede desencadenar osteoporosis, afecciones renales y otros problemas graves de salud. Incluso puede provocar la muerte. “El médico me dijo que como mi organismo se había visto privado de tantos nutrientes, si hubiera seguido dos meses más con aquella dieta habría muerto de desnutrición”, dice Heather. El boletín The Harvard Mental Health Letter informa que alrededor del cinco por ciento de las mujeres a quienes se les diagnostica anorexia mueren en el plazo de diez años.

Bulimia: atracones y vómitos

El trastorno alimentario conocido por el nombre de bulimia se caracteriza por atracones (ingestión rápida de grandes cantidades de comida, tal vez hasta 5.000 calorías o más) seguidos de inducción al vómito o uso de laxantes para vaciar el estómago.

En contraste con la anorexia, la bulimia no se detecta fácilmente. La bulímica tal vez no esté exageradamente delgada, y sus hábitos alimentarios quizás parezcan bastante normales, al menos a los ojos de los demás. Pero para ella, la vida no es nada normal. De hecho, está tan obsesionada con la comida que todo lo demás carece de importancia. “Cuanto más me atracaba y vomitaba, menos me preocupaba por otros asuntos u otras personas —dice Melinda, de 16 años—. Llegué a olvidar lo que era divertirme con mis amigas.”

Geneen Roth, escritora y profesora especializada en trastornos alimentarios, describe un atracón como “treinta minutos de frenesí, de inmersión en una oscuridad infernal en la que no existe restricción alguna”. Dice que durante esos momentos “nada importa: ni amigos ni familia [...]. Solo importa la comida”. Una bulímica de 17 años llamada Lydia utiliza una vívida analogía para describir su problema: “Me siento como una trituradora de basura. Engullo, trituro y vomito. Siempre lo mismo, una y otra vez”.

La persona bulímica trata de evitar de cualquier manera el aumento de peso que normalmente experimentaría como consecuencia de su descontrol con la comida. De modo que, inmediatamente después de un atracón, se induce el vómito o toma laxantes para eliminar el alimento antes de que pueda convertirse en grasa corporal. Aunque solo pensarlo resulte repulsivo, la bulímica experimentada no lo ve así. “Cuanto más te atracas y vomitas, más fácil te resulta —explica Nancy Kolodny, trabajadora social—. Tu primera sensación de repugnancia o hasta de miedo es pronto reemplazada por la compulsión de repetir estos patrones bulímicos.”

La bulimia es sumamente peligrosa. Por ejemplo, a consecuencia de los vómitos repetidos, la boca se ve expuesta a los corrosivos ácidos del estómago, los cuales acaban gastando el esmalte de los dientes. La inducción al vómito también llega a perjudicar el esófago, el hígado, los pulmones y el corazón. En casos extremos, los vómitos pueden provocar incluso una perforación de estómago y hasta la muerte. El uso excesivo de laxantes también es peligroso. Puede anular la función intestinal y resultar en diarreas continuas y hemorragias rectales. Y en casos extremos, al igual que los vómitos repetidos, puede llegar a provocar la muerte.

Según el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, la incidencia de trastornos alimentarios aumenta continuamente. ¿Qué razones motivan a una joven a jugar con la muerte privándose de alimento? ¿Por qué se obsesiona otra tanto con la comida que se da un atracón y luego, preocupada por su peso, se ve impelida a eliminar lo que ha ingerido? En el próximo artículo se tratarán estas preguntas.

Según afirman ciertos expertos, la pérdida de entre el 20 y el 25% del peso total de una persona puede provocar una serie de cambios químicos en el cerebro que tal vez lleguen a alterar su percepción, y le hagan ver gordura donde no la hay.

Hay quienes también consideran un trastorno alimentario la ingestión excesiva y compulsiva de alimentos, aunque no se recurra al vómito ni a los laxantes.

A fin de no ganar peso, muchas bulímicas hacen ejercicios vigorosos todos los días. Algunas logran perder tanto peso que con el tiempo se vuelven anoréxicas, y a partir de entonces presentan un síndrome mixto en el que se alterna la conducta anoréxica con la bulímica.

domingo, 13 de febrero de 2011

El Moho: Amigo o enemigo?


Moho en el Pan


 Moho en la Madera

Ciertos tipos de moho salvan vidas, pero otros provocan la muerte. Los hay que realzan el sabor de vinos y quesos; también los que envenenan los alimentos. Algunos crecen sobre troncos, mientras que otros invaden cuartos de baño y libros. De hecho, el moho está por todas partes. Incluso puede que algunas esporas estén entrando por su nariz mientras usted lee esta oración.

SI LO duda, haga una prueba: deje una rebanada de pan en cualquier sitio, incluso dentro del refrigerador. Verá cómo en poco tiempo aparece sobre la superficie una capa algodonosa; eso es moho.

¿Qué es?

Los mohos pertenecen al reino de los hongos, que abarca más de cien mil especies, entre las que se incluyen los mildius, los champiñones, las royas y las levaduras. Hasta donde se sabe, solo 100 de esas especies causan enfermedades a seres humanos y animales. Muchos hongos ocupan un sitio esencial en la cadena alimenticia, pues descomponen la materia orgánica muerta y transforman sus elementos básicos para que la vegetación pueda utilizarlos. Otros establecen una relación de dependencia mutua (simbiosis) con ciertas plantas, a las que ayudan a absorber nutrientes del suelo. Por último, también hay hongos parásitos.

En cuanto al moho, su existencia comienza en la forma de una espora microscópica que es transportada por el aire. Si la espora aterriza en una fuente de alimento que tenga, entre otras cosas, la temperatura y la humedad adecuadas, empieza a germinar y produce unas células largas como hilos, llamadas hifas. Cuando las hifas forman una colonia, sus filamentos se entretejen en una telaraña aterciopelada que se denomina micelio y que constituye la parte visible del moho. Este también puede tener apariencia de tierra o de una mancha, como el que se forma en la lechada de los azulejos del baño.

Los mohos son maestros de la reproducción. En el moho común del pan (Rhizopus stolonifer), cada puntito negro es un esporangio, es decir, una cápsula con esporas. Fíjese: un solo puntito contiene más de cincuenta mil esporas, y cada una es capaz de producir cientos de millones de nuevas esporas en cuestión de días. Además, en condiciones adecuadas, el moho puede vivir tan a gusto en un tronco del bosque como en un libro, una bota o en el empapelado de las paredes.

¿Cómo consume su alimento? A diferencia de los animales y los humanos, que primero comen y luego absorben los nutrientes en la digestión, el moho muchas veces tiene que hacer las cosas al revés. Si las moléculas orgánicas son demasiado grandes o complejas, segrega enzimas digestivas que descomponen dichas moléculas en unidades más simples, y entonces logra absorberlas. Además, como no puede moverse para buscar alimento, se ve obligado a vivir en él.

Los mohos producen sustancias tóxicas (micotoxinas) que, si se inhalan, se ingieren o se tocan directamente, pueden provocar intoxicaciones en el hombre y en los animales. Pero no todo es negativo; los mohos también tienen propiedades sumamente útiles.

Cuando se porta como amigo

En 1928, el científico Alexander Fleming descubrió por accidente las propiedades germicidas del moho verde, llamado más tarde Penicillium notatum. Esta especie mataba las bacterias, pero era inofensiva para humanos y animales. El hallazgo condujo a la producción de la penicilina, aclamada como “el principal medio de la medicina moderna para salvar vidas”. En 1945, Fleming recibió el Premio Nobel de Medicina, el cual compartió con Howard Florey y Ernst Chain, quienes también hicieron investigaciones en este campo. Desde entonces se han obtenido del moho muchas otras sustancias medicinales, entre ellas fármacos para disolver los coágulos en la sangre, aliviar las migrañas y combatir el mal de Parkinson.

Los mohos son asimismo una bendición para el paladar. Piense en el queso, por ejemplo. ¿Sabía usted que los quesos brie, camembert, azul danés, gorgonzola, roquefort y Stilton deben su característico gusto a una variedad de Penicillium? Igual deuda con el moho tienen el salami, la salsa de soya y la cerveza.

Lo mismo ocurre con el vino. Cuando cierto tipo de uvas se cosechan en el momento justo y con la cantidad adecuada de moho en cada racimo, se logran deliciosos vinos de postre. La “podredumbre noble” (Botrytis cinerea) concentra los azúcares de la uva, lo que realza el sabor. En la bodega, el Cladosporium cellare añade el toque final durante la maduración del vino. Podemos concordar con un adagio de los viticultores húngaros, que dice: Un moho noble promete un buen vino.

Cuando se convierte en enemigo

El lado malo de ciertos mohos tiene también una larga historia. En el siglo VI antes de nuestra era, los asirios utilizaron la especie Claviceps purpurea para envenenar los pozos de sus enemigos, acto que podríamos considerar una forma antigua de guerra biológica. Ese mismo moho infecta a veces el centeno, y en la Edad Media causó en muchas personas ataques epilépticos, dolorosos ardores, gangrena y alucinaciones. La enfermedad tiene hoy el nombre de ergotismo, pero en aquel tiempo la llamaban fuego de San Antonio, por los muchos enfermos que peregrinaban al santuario de San Antonio en Francia con la esperanza de recibir una curación milagrosa.

El carcinógeno (agente que provoca cáncer) más potente que se conoce es la aflatoxina, y la produce un moho. En un país asiático, 20.000 fallecimientos anuales se atribuyen a esa sustancia letal, la cual también se ha empleado en armas biológicas modernas.

Ahora bien, en la vida diaria, los síntomas que produce el contacto con los mohos comunes son más una molestia que una verdadera amenaza para la salud. “La mayoría de los mohos, aun cuando pueda olerlos, no hacen daño”, aclara el boletín UC Berkeley Wellness Letter. Entre las personas que suelen presentar reacciones adversas están quienes padecen trastornos pulmonares (como el asma) o alergias, y los que son sensibles a los productos químicos o tienen débil su sistema inmunológico. Los trabajadores del campo que se ven expuestos a enormes cantidades de moho también se encuentran en ese grupo. Además, los niños pequeños y la gente mayor son más propensos a experimentar reacciones al contacto con los mohos.

El Departamento de Servicios de Salud de California, de Estados Unidos, señala entre los posibles síntomas los siguientes: problemas respiratorios (estornudos, dificultad para respirar, respiración rápida y entrecortada); congestión nasal y sinusitis; irritación de los ojos (ardor, lagrimeo o enrojecimiento); tos áspera y seca; irritación de nariz o garganta, así como irritación de la piel y sarpullido.

El moho en las construcciones

No resulta extraño escuchar en algunos países de cierres de escuelas o evacuación de casas y oficinas para acabar con el moho. En Suecia, el Museo de Arte Moderno de Estocolmo tuvo que cerrar a principios de 2002 poco después de su inauguración porque se llenó de hongos, y los trabajos de limpieza costaron nada menos que 5.000.000 de dólares. ¿Por qué el problema se ha vuelto más común últimamente?

Para encontrar la respuesta, hay que analizar dos factores principales: los modelos y los materiales de construcción. Desde hace algunas décadas, entre los materiales de construcción elegidos hay algunos que son más vulnerables al moho. Uno de ellos es la tablarroca, o panel de yeso, que normalmente consiste en dos hojas gruesas de papel pegadas a ambos lados de una placa central de yeso. Como el centro tiende a retener la humedad, si el material permanece mojado por períodos prolongados, las esporas pueden germinar y multiplicarse mientras se alimentan del papel.

También han cambiado los modelos de construcción. Antes de los años setenta, muchos edificios de Estados Unidos y varios otros países no eran tan herméticos ni tenían tanto aislamiento como las construcciones posteriores. El deseo de aprovechar al máximo la energía produjo cambios que buscaban reducir al máximo las pérdidas y ganancias de calor, así como las corrientes de aire. Por eso ahora, cuando entra la humedad, tiende a quedarse más tiempo, lo que favorece la formación de moho. ¿Habrá alguna solución?

La forma más eficaz de resolver o, al menos, controlar el problema es procurar que todo esté limpio y seco en el interior del edificio; hay que cuidar, además, que haya poca humedad en el ambiente. Si se acumula humedad en algún sitio, debe secarse cuanto antes y hacer los cambios o las reparaciones necesarias para que no vuelva a ocurrir. Eso significa, por ejemplo, que usted debe mantener limpios y en buen estado el techo y las canaletas, y asegurarse de que el terreno donde se construya tenga un declive alejado de la vivienda, de modo que el agua no se estanque cerca de los cimientos. Si cuenta con aire acondicionado, la bandeja recogegotas debe estar siempre limpia y la tubería de desagüe sin obstrucciones.

“La clave para combatir el moho es combatir la humedad”, afirma un especialista. Algunas medidas simples pueden evitarles a usted y su familia un encuentro con el lado desagradable del moho. Se puede decir que, en ciertos aspectos, es como el fuego: puede hacer daño, pero también producir muchísimos beneficios. Gran parte dependerá de cómo lo usemos y lo manejemos. Es patente que aún nos falta mucho por aprender de los mohos, pero algo es seguro: cuanto más sepamos de la impresionante creación de Dios, más provecho le sacaremos.

domingo, 25 de enero de 2009

Obesidad: ¿Qué es y qué causa la obesidad?

Impresionante¡¡¡¡

Mapa Mundial de Obesidad


"Nos hallamos en medio de una epidemia que repercutirá enormemente en la salud de nuestros hijos y que no se detendrá a menos que la sociedad tome de inmediato medidas preventivas."—William J. Klish, profesor de Pediatría.

QUIENES no tienen problemas de peso tienden a erigirse en jueces y dictaminar que los que padecen sobrepeso u obesidad son personas sin motivación ni fuerza de voluntad. Pero ¿es esta una cuestión tan simple? ¿Son los obesos individuos indolentes que rehúyen el ejercicio? ¿O entran en juego otras causas mucho más difíciles de controlar?

Genética y entorno


El libro Food Fight señala: "Hace tiempo que se debate si la obesidad tiene su origen en la genética o en el entorno". ¿Qué se quiere decir con "genética" en este contexto? Hay quienes defienden la teoría de que el cuerpo humano tiende a almacenar las calorías excedentes para necesidades futuras. La citada obra continúa: "La relación de la genética con la obesidad se lleva estudiando por décadas. [...] Se han recabado muchos datos al respecto. Mediante técnicas sofisticadas se está tratando de identificar los genes que nos predisponen a engordar y a padecer enfermedades como la diabetes. En términos científicos, del 25 al 40% de la variación del peso de la población puede achacarse a los genes [...]. Dado que suele culparse al obeso de su estado, estas cifras ponen de relieve la importancia del factor biológico. Con todo, un 60% o más de dicha variación puede atribuirse al ambiente". Según lo anterior, el estilo de vida sigue siendo un factor decisivo. ¿Consume la persona a diario más calorías de las que quema? ¿Suele ser deficiente su selección de alimentos? ¿Hace ejercicio moderado todos los días?

La Clínica Mayo explica la causa de la obesidad de forma sencilla: "Los genes quizá preparen el camino para el sobrepeso y la obesidad, pero el peso corporal lo determinan en última instancia la dieta y el ejercicio. A la larga, el exceso de calorías y el sedentarismo, o ambos factores, producen obesidad" (cursivas nuestras). Además, esta misma fuente añade: "La herencia biológica no nos predestina a la gordura. [...] Sea cual sea la estructura genética, el peso es el resultado de la alimentación y la actividad física".

A fin de recuperar su figura, mucha gente desesperada prueba diferentes métodos para adelgazar en torno a los cuales se erige un negocio millonario. Ahora bien, ¿qué opinan de tales programas los especialistas? "La obesidad es muy difícil de tratar, y la mayoría de las personas que pierden peso vuelven a engordar —dice la obra Food Fight—. Los cálculos más optimistas revelan que solo el 25% de las personas [1 de cada 4] logra mantener su peso después de adelgazar, y a menudo tras varios intentos."

Los peligros de la obesidad

La obesidad puede desencadenar graves problemas de salud. Scott Loren-Selco, neurólogo del Centro Médico de la Universidad de Southern California, advierte que las personas obesas, aunque sean jóvenes, pueden enfermar de diabetes de tipo 2 (véase ¡Despertad! del 8 de mayo de 2003). "Cada vez tenemos más casos y, créanme, da miedo —señala—. [A los pacientes obesos] les digo que si fueran a la sección de diabéticos, verían lo que les puede llegar a ocurrir: ceguera, amputaciones, multitud de enfermos graves [de diabetes] de tipo 2... y todo debido a la obesidad." ¿Qué contribuye al problema? "Como tienen dinero para hamburguesas y papas fritas gigantes, las compran —afirma el facultativo—. Nadie los previene de ese gran error, ni la industria de la comida rápida ni, francamente, la mayoría de los médicos, quienes aún carecen de formación en materia de alimentación."

El doctor Edward Taub, célebre escritor de obras sobre nutrición, afirma: "En los últimos tiempos se ha popularizado, y hasta se considera políticamente correcta, la opinión de que el sobrepeso es un aspecto normal y aceptable de la vida moderna. Lo cierto es que este mensaje constituye un asombroso éxito publicitario de una industria que se enriquece a base de engordarnos".

Según los especialistas, la "figura de pera", caracterizada por la acumulación de la grasa de más en las caderas, presenta menos riesgos para la salud que la "figura de manzana", en la que el tejido adiposo rodea los órganos abdominales (en especial si la cintura supera los 90 ó 100 centímetros). ¿La razón? "La grasa abdominal incrementa el riesgo de sufrir hipertensión, enfermedades coronarias, diabetes, apoplejías y ciertos tipos de cáncer", apunta el libro Mayo Clinic on Healthy Weight (La Clínica Mayo y el peso saludable). "La figura de pera —caderas, muslos y nalgas prominentes— conlleva menos riesgos."

Entonces, ¿qué solución hay para los millones de adultos y niños del mundo entero que tienen sobrepeso y están en peligro de padecer graves problemas de salud? ¿Existe algún remedio eficaz?

¿Qué es y para qué sirve el IMC?

El índice de masa corporal (IMC) mide la relación entre altura y peso, y sirve para determinar el sobrepeso y la obesidad. Según la Clínica Mayo, un IMC de 18,5 a 24,9 indica peso normal; de 25 a 29,9, sobrepeso, y a partir de 30, obesidad. ¿Qué revela de usted la tabla? ¿Tendrá que acudir al médico para hacerle alguna consulta o para que le confirme su situación?

A fin de calcular su IMC, divida su peso en kilos entre su altura en metros. Luego divida el resultado otra vez entre su altura. Un ejemplo: si pesa 90 kilos y mide 1,80 metros, su IMC es 28 (90÷1,8÷1,8=28).

Peso normal Sobrepeso Obesidad
IMC 18,5-24,9 25-29,9 30 o más
Altura (m) Peso (kg)
1,47 53 o menos 54-64 65 o más
1,50 56 o menos 57-67 68 o más
1,52 57 o menos 58-69 70 o más
1,55 59 o menos 60-71 72 o más
1,57 61 o menos 62-73 74 o más
1,60 63 o menos 64-76 77 o más
1,63 66 o menos 67-79 80 o más
1,65 67 o menos 68-81 82 o más
1,68 70 o menos 71-84 85 o más
1,70 72 o menos 73-86 87 o más
1,73 74 o menos 75-89 90 o más
1,75 76 o menos 77-91 92 o más
1,78 79 o menos 80-94 95 o más
1,80 80 o menos 81-97 98 o más
1,83 83 o menos 84-100 101 o más
1,85 85 o menos 86-102 103 o más
1,88 89 o menos 90-106 107 o más
1,90 90 o menos 91-108 109 o más

Información basada en el libro Mayo Clinic on Healthy Weight

¿Qué es una caloría?

En nutrición se llama caloría a la unidad de medida de la energía térmica. Al transpirar, consumimos calorías, o energía térmica. "Una caloría es la cantidad de calor necesaria para elevar en 1 oC la temperatura de un kilo de agua." (Balance Your Body, Balance Your Life [Equilibre su cuerpo, equilibre su vida].) El gasto calórico, o energético, de cada persona varía en función de factores como su altura, peso, edad y actividad física.

Indicativos de una vida sedentaria

▪ Pasar la mayor parte del día sentado (frente al televisor, el escritorio o conduciendo), es decir: inmóvil
▪ No caminar casi nunca más de 100 metros
▪ Tener un empleo en el que uno apenas se mueve
▪ No hacer de veinte a treinta minutos de ejercicio ni siquiera una vez por semana
Información basada en el libro Mayo Clinic on Healthy Weight